...Él la atrapó entre sus brazos, acercó sus labios a los de ella y la besó hondamente. No hubo impedimento...deseaba ese beso más que nada; cerrando sus ojos se aferró a él sintiéndose pequeña y protegida.
No cerró la puerta hasta verlo desaparecer en la oscuridad de la noche; luego corrió en puntillas a su cuarto, aferró la almohada a su rostro y gritó ahogadamente sintiéndose insólitamente feliz.
El siguiente día se hizo una eternidad. Sentía una agitación de gozoso presentimiento, como cuando se tiene una noticia maravillosa y lo único que se desea es ver los ojos de quien la sabrá...
(fragmento)


